En 2009 una niña de 12 años ingresó en un hospital con lesiones dolorosas en la palma de las manos. Los médicos descubrieron que la inflamación de la piel de las manos fue provocada por el uso excesivo de un mando de videoconsola. (Fuente: British Journal of Dermatology).
Cuatro millones de personas son adictas a Internet y diez millones son potenciales enfermos en China, la mayoría de los adictos lo son a videojuegos online como World of Warcraft (WoW) o Counter Strike. El aumento de casos llevó al gobierno chino en noviembre pasado a añadir la adicción a Internet y los videojuegos online en la lista de desórdenes clínicos, junto al alcoholismo y la ludopatía. (Fuente: El País).
Estos tan sólo son dos titulares de noticias reales, dos ejemplos, que lejos de pretender alarmar o estigmatizar a los videojuegos, quieren encender esa bombilla en los padres para que reflexionen sobre cuánto tiempo dedican sus hijos a la videoconsola, a qué juegan y si todo ello puede producir algún perjuicio en su futuro.
Los primeros pasos de los actuales videojuegos
Estos comenzaron a darse allá por los años 40 cuando los técnicos americanos desarrollaron el primer simulador de vuelo, destinado al entrenamiento de pilotos. En 1962 apareció la tercera generación de ordenadores, cuyo tamaño y coste empezó a ser mucho más reducido.
Éste fue el inicio y el punto de partida de un proceso que llega hasta nuestros días dónde los jóvenes no sólo juegan en la computadora, también lo hacen en otras plataformas: Internet, en su teléfono móvil, en consolas portátiles que pueden llevar a cualquier sitio y videoconsolas conectadas a un televisor, donde pueden jugar incluso sin mandos con el simple movimiento de su cuerpo.
Los videojuegos tienen un objetivo esencialmente lúdico o educativo, existiendo una gran variedad de ellos: de competiciones automovilísticas, deportivas, de rol, de construcción de imperios y civilizaciones, de batallas y guerras clásicas o de ciencia ficción, de simulación (por ejemplo, de vuelo), infantiles, educativos, entre otros.
Los datos de diferentes estudios sobre el uso de los videojuegos señalan que la gran mayoría de los jóvenes entre 12 y 18 años juegan de forma habitual a los videojuegos que existen en el mercado. Esto es debido a la gran atracción que supone para los adolescentes utilizar este tipo de entretenimientos.
Pero ¿por qué les gusta tanto?
Pues porque, entre otras razones, este tipo de juegos les permite vivir una aventura en primera persona donde el joven puede realizar todo tipo de acciones en un entorno virtual sin consecuencias en la vida real.
Los videojuegos cuentan, además, con una alta valoración social para muchos varones adolescentes y se asocia a valores como tecnología, informática. Se trata de una actividad que se puede realizar de forma muy cómoda y económica desde la computadora personal, la consola o el móvil y que da la opción de jugar sólo o en compañía.
Además, a través del videojuego nuestros hijos buscan aumentar propiedades psicológicas muy valoradas en estas edades, como autoestima, confianza en uno mismo, capacidad de superación.
Aspectos positivos
Es una actividad emocionalmente reforzante porque es intensa y rápida. Los aspectos positivos de los videojuegos se pueden resumir de la siguiente forma:
- Proporcionan una mayor habilidad psicomotriz, es decir la coordinación ojo-mano. Esto es obvio y no tienen más que ver la velocidad con la que son capaces de ir alternando los botones de los mandos.
- Al mismo tiempo, aumentan los reflejos ya que el jugador tiene que ser rápido y eficaz y estimulan el razonamiento lógico y la capacidad de decisión, puesto que deben jugar con muchas variables a la vez.
- Mejoran la memoria visual y auditiva.
- Algunos juegos ayudan a formar al jugador. Hay juegos de historia, en los que el niño puede ir aprendiendo a la vez que jugando.
- En ocasiones también favorecen la interrelación entre los niños cuando se juega entre varios. En algunos jóvenes que no se sienten hábiles en otro tipo de juegos como el fútbol, de alguna manera, esta actividad llevada con moderación puede compensar al niño y hacerle sentirse más integrado en el grupo.
Aspectos negativos
De la misma manera, también debemos tener en cuenta a la hora de dejar a nuestros hijos jugando a los videojuegos, que éstos también pueden tener consecuencias negativas:
- Teniendo en cuenta el tipo de juegos que hay en el mercado, uno de los mayores peligros que muchos expertos coinciden en destacar es el de fomentar posteriores conductas agresivas. Hay que tener en cuenta que existen juegos que consisten en atropellar o matar a personas.
- Los videojuegos suelen estar enfocados al sector masculino, son su mercado, y muchos de ellos tienen un marcado carácter sexista. Esto puede influir en la formación de los niños, que ven como en la realidad virtual las mujeres son meros objetos pasivos y el protagonista masculino es sobre todo fuerte y poderoso.
- Por otro lado, existe la posibilidad de que el niño se encierre solo a jugar con los videojuegos y que al aislarse siempre para realizar este tipo de actividad esto entorpezca sus habilidades sociales, necesarias para su evolución, fomentando una timidez importante frente al mundo real.
- Además, hay que añadir que un posible aislamiento en la comunicación familiar debido a que el niño siempre está con la consola puede hacer que se vuelva irritable y cansado produciendo también conflictos en el seno de familia.
- Los videojuegos pueden desviar la concentración de otras tareas que no le resultan tan divertidas como éstos, como realizar los trabajos escolares. De esta manera, puede que todo ello desemboque, por ejemplo, en un fracaso escolar.
- Por último, hay que resaltar que el sueño es fundamental, tanto en cantidad como en calidad para un niño. Si dejamos que juegue hasta muy tarde, antes de acostarse, puede perjudicar su descanso y su ritmo normal en otras actividades de su vida.
Lo siguiente a la que nos enfrentamos los padres una vez hemos analizado tanto la cara como la cruz de los videojuegos es, ¿qué podemos hacer nosotros? Algunas de las recomendaciones que se dan no difieren mucho de las ya dadas con respecto a las adicciones a Internet y las nuevas tecnologías.
Recomendaciones.
Lo siguiente a la que nos enfrentamos los padres una vez hemos analizado tanto la cara como la cruz de los videojuegos es, ¿qué podemos hacer nosotros? Algunas de las recomendaciones que se dan no difieren mucho de las ya dadas con respecto a las adicciones a Internet y las nuevas tecnologías.
- Es muy positivo negociar el tiempo de juego. Que no sea excesivo y, en todo caso, dejar jugar a los niños un poco más como premio por haber terminado las tareas escolares o por haberse portado bien en alguna situación concreta.
- Es preferible comprar videojuegos para varios jugadores, por aquello de evitar el aislamiento y así fomentar la interacción de nuestros hijos con otros niños.
- Por supuesto, vigilar muy de cerca la temática de los juegos evitando, violencia extrema a edades muy tempranas o escenas no recomendadas para un menor.
- Una buena forma de conocer más sobre los videojuegos es sencillamente interesarnos por ellos, jugar con nuestros hijos, hablarles no sólo de los aspectos positivos sino también de los negativos, para que ellos mismos tomen conciencia de su peligro. Nosotros acabaremos también más informados.
- Por último y esencial, ofrecer alternativas de ocio, en el que nosotros mismos participemos, o actividades con sus amigos. Hacerles ver que la vida también está ahí fuera, jugando un partido de fútbol juntos, patinando, dando una vuelta en bicicleta, organizando excursiones al campo, visitando una exposición, un museo o viendo una película en el cine.
Cualquier cosa es buena para que los más pequeños de la casa crezcan sabiendo que tienen muchas formas diferentes de disfrutar de su tiempo libre.
A modo de conclusión podemos decir que en circunstancias normales el uso excesivo de un videojuego es más probable cuando es nuevo, por el simple hecho de la novedad, y en la mayoría de los casos esta conducta remite espontáneamente.
Sin embargo, el uso excesivo de los juegos, pueden llevar a los adolescentes a tener problemas con su rendimiento académico y tensar las relaciones con la familia.
Asimismo, los propios adolescentes reconocen pérdidas de control en el uso de los videojuegos, como jugar sin tenerlo previsto, perder la noción del tiempo y jugar mucho más de lo que se había pensado, ocultarlo a la familia o reducir las relaciones sociales y el tiempo dedicado a otras actividades sólo por estar jugando.
Es necesario hacerles ver a través de la educación, que le damos las familias en casa y también a través de los profesores en la escuela que, como todo, los videojuegos no son peligrosos en sí, son algo positivo, pero que su uso se debe hacer de forma moderada y no priorizarlo ante otras actividades.
Los padres, por nuestra parte, debemos estar atentos a esa afición, al tiempo que le dedican y a los juegos que compran. En la escuela, los profesores también deben advertirles de los pros y contras, ya que juntos podemos hacerles ver que la vida virtual es divertida, pero que la real le da mil vueltas.
Fuente:
Revista informativa editada por la Confederación Andaluza de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado por la Educación Pública.